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Vigorexia y TCC: Cuando el cuerpo perfecto se vuelve una obsesión

Por: Mariana Larios

La vigorexia, también conocida como dismorfia muscular es un trastorno mental que se caracteriza por la obsesión de tener músculos suficientemente fuertes. Se asocia al ejercicio compulsivo de levantamiento de pesas y alteraciones alimentarias orientadas a conseguir el objetivo de un mayor volumen muscular de todo el cuerpo o de ciertas partes en especial.

Te invitamos a leer nuestra entrada relacionada: Tratamiento de la bulimia: El papel de las estrategias de la TCC para la recuperación en donde se explica este trastorno alimentario que se caracteriza por episodios recurrentes de atracones seguidos de conductas compensatorias inapropiadas.

En esta entrada te explicamos cómo la Terapia Cognitivo Conductual ofrece herramientas para identificar y modificar los pensamientos distorsionados que alimentan la adicción al ejercicio y la insatisfacción corporal. 

¿Qué es la vigorexia?

La vigorexia, es un trastorno de salud mental que se caracteriza por una preocupación excesiva e irracional por el físico y el desarrollo muscular. Aunque suele pasar desapercibida, esta condición puede tener graves consecuencias emocionales, físicas y sociales.

En una sociedad que valora cada vez más los cuerpos atléticos y la estética física, es fácil confundir el cuidado del cuerpo con una obsesión dañina. Quienes lo padecen suelen compartir otros trastornos alimentarios como la bulimia, la preocupación obsesiva por su aspecto físico y una distorsión del esquema corporal. A diferencia de los trastornos de la conducta alimentaria (TCA), es considerablemente más frecuente en los hombres y su pico de inicio es en torno a los 18 años de edad.

Actualmente no existe una causa en especial pero suele afectar a aquellas personas que son perfeccionistas, que tienen más dificultades en las relaciones interpersonales o una mala regulación de sus emociones.

En las personas que presentan vigorexia, las endorfinas juegan un papel importante en el desarrollo de una dependencia al ejercicio. Por esta razón es necesario identificar el factor psicológico subyacente, tales como una autoestima baja o inseguridad personal profunda, lo que conlleva a la aparición de esta alteración psiquiátrica.

Desde un enfoque sociológico, se ha señalado que este trastorno se vincula con una distorsión del ideal de masculinidad. Pese a que en nuestra cultura, los músculos se asocian con fuerza, éxito y poder. Este ideal irreal hace que algunos hombres se obsesionen con desarrollar una musculatura extrema, creyendo que así alcanzarán una identidad de admiración al ser más valorada y aceptada.

Para que se pueda indicar la presencia de vigorexia en una persona debe presentar ciertas condiciones clave como:

Dependencia del ejercicio físico

La actividad física en exceso se convierte en el eje central de la vida, desplazando otras áreas importantes como el trabajo, la vida social o la familia, esto por miedo a perder una sesión de entrenamiento o romper la dieta. Incluso tienden a entrenar con lesiones o fatiga extrema.

Tolerancia creciente

Con el tiempo, la persona necesita realizar más ejercicio para experimentar el mismo nivel de satisfacción o calma emocional que antes lograba con menos esfuerzo. Además de realizar dietas extremas y el uso compulsivo de suplementos o sustancias centradas en la ganancia muscular.

Síntomas de abstinencia 

Al pasar más de 24 horas sin entrenar, la persona experimenta ansiedad, irritabilidad, sensación de debilidad o malestar en general.

En estos casos, el ejercicio deja de ser una práctica saludable y pasa a convertirse en una compulsión, alimentada por una percepción corporal distorsionada y necesidades emocionales no resueltas. El tratamiento debe abordar tanto la conducta como los pensamientos y emociones que la sostienen, y en muchos casos requiere intervención psicoterapéutica especializada.

Para «compensarlo», las personas con vigorexia suelen adoptar rutinas excesivas de ejercicio, dietas restrictivas y en algunos casos el consumo de esteroides u otras sustancias.

Factores relacionados con la vigorexia 

  • Presión social y cultural, especialmente por las redes sociales y medios de comunicación.
  • Baja autoestima o historia de bullying por el físico.
  • Trastornos de ansiedad, depresión o trastornos de la conducta alimentaria previos.
  • Perfeccionismo y necesidad de control.

Aunque al inicio puede parecer una «vida saludable» la vigorexia en la mayoría de los casos tiene consecuencias graves como:

  • Lesiones musculares y articulares por sobreentrenamiento.
  • Problemas hormonales por el uso de sustancias.
  • Trastornos alimentarios como anorexia o bulimia muscular.
  • Ansiedad, depresión o aislamiento social.
  • Dificultades académicas, laborales o familiares.

Tratamiento y acompañamiento psicológico para la vigorexia

En la mayoría de los casos, la vigorexia requiere atención especializada. El tratamiento más eficaz suele ser integral e interdisciplinario, combinando distintas intervenciones:

  • Psicoterapia Cognitivo-Conductual (TCC):
    Permite trabajar la distorsión de la autoimagen, las creencias disfuncionales sobre el cuerpo y el ejercicio, la ansiedad y la autoestima.
  • Acompañamiento nutricional:
    Ayuda a restablecer una relación saludable con la alimentación y a desmitificar creencias erróneas sobre el consumo de alimentos y suplementos.
  • Trabajo con la familia o redes de apoyo:
    Es clave para que el entorno comprenda el trastorno y pueda brindar un acompañamiento respetuoso y empático.
  • Intervención psiquiátrica (si es necesaria):
    Especialmente en casos donde se presentan síntomas depresivos, ansiedad intensa o consumo de sustancias.

Cómo la terapia cognitivo conductual puede ayudarte a recuperar el equilibrio


El tratamiento psicológico con mayor respaldo para abordar la vigorexia se enfoca en identificar y modificar los pensamientos distorsionados sobre el cuerpo, el ejercicio y el valor personal asociado a la apariencia física.

Por ejemplo, una persona con vigorexia puede tener la creencia rígida de que “si no entrena todos los días, perderá músculo y valdrá menos como persona”. En terapia, se trabajan estas ideas a través de reestructuración cognitiva, cuestionando su veracidad y analizando sus consecuencias. Además de enseñarle a la persona a identificar emociones como la ansiedad o la culpa cuando no logra llevar a cabo el entrenamiento y así responder con conductas más flexibles y saludables.

Además, se emplean técnicas de exposición gradual, por ejemplo, dejar de observar el cuerpo constantemente en el espejo o permitir días de descanso sin sentir culpa, ayudando así a reducir la ansiedad asociada al cambio de hábitos.

Conclusión

La vigorexia no es disciplina ni pasión por el ejercicio: es una forma de sufrimiento que muchas veces pasa desapercibida bajo la apariencia de la salud. Cuidar nuestro cuerpo es importante, pero no a costa de nuestra salud mental o nuestras relaciones. Las personas que presentan este trastorno tienden a calmar inseguridades profundas y ganar una autoestima que sienten que no merecen sin una apariencia “perfecta”.

Por esta razón el tratamiento no solo implica ajustar rutinas físicas o alimenticias, sino sanar la relación con uno mismo. A través de la Terapia Cognitivo Conductual (TCC), es posible reconstruir una autoimagen realista, flexible y compasiva.Si tú o alguien cercano presenta estas señales, buscar ayuda no es rendirse, es empezar a cuidarse de verdad. El equilibrio entre mente, cuerpo y emociones es la base de una vida plena. Agenda una cita con nuestros especialistas en Clínica Minerva.

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