Por: Natalia Troyo
Despertarse en medio de la noche con gritos, sudor, palpitaciones y sin recordar por qué puede ser una experiencia angustiante tanto para quien lo vive como para quienes lo observan. Los terrores nocturnos no son simplemente «malos sueños», sino una alteración del sueño que genera confusión y alarma, especialmente en niñas y niños. Desde la Terapia Cognitivo-Conductual (TCC), contamos con herramientas para comprender este fenómeno y ayudar a reducir su frecuencia e intensidad.
En esta entrada hablaremos sobre los terrores nocturnos, sobre que son, por que suelen suceder, que hacer en caso de uno, como ayuda la TCC y sobre cuándo es el momento indicado de buscar ayuda.
Te invitamos a leer nuestra anterior entrada, que habla sobre la Apnea del sueño, sobre qué es, los tipos de apnea, sus consecuencias psicológicas desde una mirada de la TCC.
¿Qué son los terrores nocturnos?
Los terrores nocturnos son episodios de despertar parcial durante el sueño profundo (no REM), caracterizados por una activación intensa del sistema nervioso: gritos, movimientos bruscos, sudoración, respiración acelerada, incluso llanto o gestos de miedo. A diferencia de las pesadillas, la persona no suele recordar el contenido al despertar y puede parecer completamente desorientada.
Un niño de 7 años se sienta en la cama gritando por las noches. Sus padres intentan calmarlo, pero él no reacciona a sus palabras. Al día siguiente, no recuerda lo sucedido. Esta puede ser una escena típica de un menor que tiene terrores nocturnos.
¿Cuáles son las causas de los terrores nocturnos?
Los terrores nocturnos pueden ser causados por una combinación de factores que alteran la calidad y profundidad del sueño. Entre las causas más comunes se encuentran la fatiga extrema, la falta de sueño acumulado y los cambios en la rutina del descanso, como acostarse mucho más tarde de lo habitual.
También pueden aparecer durante períodos de fiebre o enfermedad, ya que el cuerpo está en un estado de mayor activación fisiológica. Además, el estrés emocional o la ansiedad, especialmente cuando no se expresan de forma consciente, pueden aumentar la probabilidad de que ocurran. En algunos casos, existe una predisposición genética, ya que es más común en personas con antecedentes familiares de parasomnias (alteraciones del sueño).
¿Qué hacer durante un episodio de terror nocturno?
Durante un episodio de terror nocturno, lo más importante es mantener la calma y no intentar despertar a la persona, ya que no está completamente consciente y puede reaccionar con más agitación. Lo ideal es no intervenir de forma brusca ni intentar razonar o hablar en exceso. En lugar de eso, se debe asegurar el entorno, retirando objetos peligrosos y evitando que la persona se lastime si se mueve de manera abrupta.
Acompañar desde cerca con una actitud tranquila, sin tocar a la persona a menos que sea necesario por seguridad, ayuda a que el episodio siga su curso natural, que generalmente dura entre 1 y 10 minutos. Una vez que pasa, la persona suele volver a dormirse sin recordar lo sucedido. En niños, es recomendable no hablar del episodio al día siguiente de forma alarmante, sino observar si se repite y, si es frecuente, consultar con un especialista para identificar factores que puedan estar contribuyendo.
Importante: Aunque es impactante presenciar un terror nocturno, es más angustiante para el observador que para quien lo vive. La persona afectada no está consciente en ese momento.
¿Cómo puede ayudar la TCC?
Si los terrores nocturnos son frecuentes o afectan la calidad de vida, especialmente en adolescentes o adultos, la TCC ofrece estrategias específicas:
1. Identificar y reducir factores de estrés
Se exploran fuentes de ansiedad acumulada, muchas veces no verbalizada, y se enseñan habilidades de regulación emocional.
2. Higiene del sueño
Establecer horarios consistentes, evitar pantallas antes de dormir, asegurar un ambiente tranquilo y propiciar rutinas relajantes antes de acostarse.
3. Desensibilización con técnicas de exposición
En casos persistentes, si hay contenido temático recurrente (por ejemplo, miedo a dormirse), se puede trabajar con exposición gradual y reestructuración de pensamientos asociados al sueño.
4. Entrenamiento en relajación
Técnicas como respiración profunda, relajación muscular progresiva o meditación guiada ayudan a bajar el nivel de activación fisiológica antes de dormir.
Cuándo buscar apoyo profesional
Es momento de acudir a un especialista cuando:
- Los episodios ocurren varias veces por semana.
- Hay riesgo de autolesión durante el episodio.
- Se presentan también en la adolescencia o edad adulta.
- Interfieren con la vida familiar o académica.
- Se acompañan de otros síntomas de ansiedad o trauma.
Conclusión
Los terrores nocturnos no son señal de locura ni de que algo esté «mal» en quien los padece. Tampoco significan que exista necesariamente un trauma profundo o una enfermedad mental. Son manifestaciones del sistema nervioso durante el sueño, muchas veces provocadas por el cansancio, el estrés acumulado o la falta de una rutina saludable para descansar. La buena noticia es que sí se pueden prevenir y reducir. Con información clara, estructura en los hábitos diarios y estrategias validadas por la ciencia, como las que propone la Terapia Cognitivo-Conductual, es posible disminuir su frecuencia e impacto. Esto no solo mejora la calidad del sueño, sino también el bienestar emocional durante el día.
Desde la TCC, comprendemos que dormir bien no es solo una función biológica: también es una habilidad que se construye. Implica aprender a manejar pensamientos exigentes, reducir la tensión emocional y crear espacios seguros para que el cuerpo y la mente puedan desconectarse. Si te interesa aprender esto acompañado de un especialista en salud mental no dudes en agendar una cita con nosotros.
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