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DESCUBRE LAS CLAVES PARA EVALUAR SI ESTÁS EN UN EFECTIVO PROCESO TERAPÉUTICO

Autor: Psic. Marco Altamirano 

¿Cómo saber que estoy en un buen proceso terapéutico? PARTE I

El proceso terapéutico se puede entender como un viaje de transformación y cambio personal hacia el bienestar psicológico. Este viaje, que involucra la exploración de emociones, conductas, sentimientos y pensamientos, puede traer consigo una serie de dudas sobre si estás siguiendo el camino más eficaz hacia el cambio terapéutico.

Por lo tanto, es común que si recientemente has iniciado con tu proceso psicoterapéutico, o incluso si ya estás algo avanzado en él, surjan una serie de cuestionamientos sobre si estás siguiendo la mejor ruta: ¿realmente estoy avanzando?, ¿mi terapeuta estará haciendo un buen trabajo?, ¿estoy dando lo suficiente para mejorar? o ¿podré cumplir los objetivos terapéuticos?; pueden ser algunas de estas preguntas.

En el enfoque terapéutico cognitivo conductual existen un conjunto de pautas que guían tanto al usuario como al terapeuta sobre el óptimo desarrollo de sus sesiones, en esta ocasión, te hablo sobre cuatro de estos principios que te serán de gran utilidad para aclarar tus dudas.

Principio 1: Hay una formulación dinámica y tus problemas son planteados en términos cognitivos y conductuales.

Lo cual significa que tu terapeuta, al conocer cómo está funcionando tu problema, te transmite sus planteamientos en un lenguaje que sea totalmente comprensible para ti, incluso enmarcado dentro de su enfoque. Esto puede lograrse a través de ejemplos, metáforas y analogías.

Para ilustrar lo anterior pensemos en que en tu interior posees un jardín en el que hay plantas (pensamientos), flores (emociones) y frutos (conductas), pero en el que también emergen plagas y maleza (malestar psicológico) que necesitan ser tratadas, en este sentido, tu terapeuta como hábil jardinero examina el terreno con tu ayuda para explicar la posible raíz de tus dificultades y en conjunto pensar en una solución de acuerdo a tus condiciones

Principio 2: Se sirve de una variedad de técnicas para cambiar tu pensamiento, estado de ánimo y conducta.

El uso de técnicas es una característica distintiva de este enfoque, sin embargo, la terapia cognitivo-conductual no consiste en la aplicación de una serie de procedimientos de forma automática y uniforme a todos los pacientes como si de un libro de recetas se tratara. Tu terapeuta debe de atender cuidadosamente tu caso particular para elegir las estrategias y técnicas adecuadas para ti.

En caso de que a la par de tu proceso terapéutico estés llevando tratamiento farmacológico, la utilización de estas técnicas es ampliamente recomendable a razón de que desarrollarás habilidades funcionales ante posibles recaídas.

Probablemente te resulten familiares algunas de las siguientes técnicas que los terapeutas frecuentemente utilizan en sesión.

  • Llenado de formatos y autorregistros.
  • Experimentos conductuales.
  • Creación de fichas de afrontamiento.
  • Uso de esquemas (gráficos, tablas continuos).
  • Técnicas de distracción. 
  • Reestructuración cognitiva (aprender a cambiar pensamientos).

Principio 3: Tu proceso está orientado hacia objetivos y centrado en problemas determinados.

Si bien el consultorio es un espacio seguro donde puedes platicar sobre los problemas que te están afectando y que te sirve de desahogo emocional, la psicoterapia busca más que eso, la consecución de metas.

Puedes estar seguro de que estás llevando un buen proceso si este cuenta con direccionalidad, es decir, si tú y tu terapeuta han planteado objetivos que son específicos, medibles, alcanzables, con tiempos bien definidos y relevantes para ti.

Entre los objetivos que se pueden plantear podemos encontrar:

  • Desarrollar una autoimagen positiva y dejar de autocriticarse de manera excesiva.
  • Disminuir los síntomas de ansiedad en situaciones detonadoras de pánico.
  • Aprender a manejar los pensamientos negativos.
  • Desarrollar habilidades sociales (poder hablar en público, ser más empático o ser más asertivo).

Principio 4: Tus sesiones de terapia son estructuradas.

Si sientes que tu terapia se ha tornado desorganizada y no tiene un fin en específico más allá del desahogo emocional y la charla durante la consulta, es probable que estés experimentando sesiones desestructuradas, lo que podría resultar en un proceso poco efectivo. 

Es fundamental que tu terapeuta se preocupe por lo que estás sintiendo, sea empático, te escuche activamente y muestre genuino interés por lo que te ocurre, sin embargo, también debe de monitorear cuales han sido tus avances, revisar tus tareas para, en dado caso, regresar a lo visto en sesiones pasadas

Además, es importante que tu terapia tenga una dirección clara, para lo cual se busca trabajar en un tema específico cada sesión para que tengas seguridad de que están avanzando hacia tus objetivos. Esto contribuirá a que sientas más tranquilidad y confianza en tu proceso terapéutico. 

Finalmente, aunque tu terapeuta tiene una idea de lo que se tiene que hacer cada cierto rango de tiempo de tu consulta, la estructura es solo una guía adaptable, la sesión no tiene por qué sentirse rígida pues tu terapeuta debe ser fluido y flexible en función de tus necesidades y avances individuales.

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