Autora: Itzel Salas
¿Alguna vez te has sentido frustrado porque no sabes cómo reaccionar ante un berrinche de tu hijo? Aunque parezca una simple rabieta, muchas veces detrás de ella hay algo más que un niño portándose mal.
Los berrinches pueden ser algo complicados para los padres. Muchas veces saber controlar o mantener tranquilos a los niños pareciera que es una habilidad, sin embargo, los berrinches son en realidad una manera de comunicarse.
En esta entrada explicaremos cómo entender los berrinches desde un enfoque de Terapia Cognitivo Conductual y cómo podemos ayudar a los más pequeños a regular sus emociones para comunicarse de una manera diferente.
Te invitamos a leer nuestra en entrada anterior CRECIENDO CON FORTALEZA: CÓMO LA TCC AYUDA A NIÑOS Y ADOLESCENTES A SUPERAR DESAFÍOS EMOCIONALES
¿Cómo funciona un berrinche?
Los berrinches no son algo voluntario o intencional para “molestar” o “llamar la atención”, estos suelen suceder cuando hay un desborde de emociones ante situaciones que los niños aún están aprendiendo a sobrellevar.
Nuestro cerebro emocional, mejor conocido como la amígdala, es la que se encarga de gestionar las emociones, sin embargo, esta capacidad aún no está del todo desarrollada en edades tempranas, por lo tanto la reacción de los niños ante situaciones frustrantes o estresantes se ve reflejada en berrinches, rabietas o responder de una manera grosera.
Los berrinches son síntomas de un niño que está teniendo dificultades en su manera de regular sus emociones, para un adulto perder un juguete puede ser algo pequeño, pero para un niño puede sentirse como algo enorme. y muchas veces es un cúmulo de muchas emociones, cansancio, hambre, frustración, sobreestimulación, cambios de rutina, sentirse ignorados.
De “deja de llorar” a “te ayudo a entender lo que sientes”
¿Cuántas veces hemos escuchado frases como «ya deja de llorar» o «no es para tanto»?
La invalidación es un acto que niega, minimiza y desvaloriza los sentimientos de alguien más, durante los berrinches se ve la invalidación en frases como “deja de llorar”, “ya callate” o “no es para tanto”.
Sin embargo existe una diferencia en “veo que esto te afecta mucho”, “estoy aquí contigo” “está bien sentir tristeza”, validar emociones es entender y mostrar empatía, no significa dramatizar ni estar de acuerdo en todo, significa reconocer la emoción como real.
Validando una emoción estamos haciendo entender a la otra persona que comprendemos lo que ella siente y que es perfectamente normal sentirlo, y que no vamos a juzgar en ningún momento aquellos sentimientos que le embargan en un momento determinado, validar los sentimientos de los niños es esencial para su bienestar emocional, su desarrollo social y su capacidad para afrontar los desafíos de la vida de manera saludable y positiva.
Pero ¿Qué aprendemos realmente cuando castigamos un berrinche?
¿Castigar, realmente ayuda?
La Terapia Cognitivo Conductual (TCC) ofrece un enfoque que ayuda a regular nuestras emociones, comprenderlas y nos da herramientas que logran este objetivo.
Imaginemos un caso hipotético:
Mario, un pequeño de 7 años, y su padre Roman van juntos a la tienda comercial. Al pasar por una tienda de juguetes, Mario ve un juguete que le encanta y se lo pide a su padre, Roman se niega a comprar el juguete.
Mario triste empieza a llorar y hacer rabietas pues ese juguete le hacía mucha ilusión tenerlo, Roman solo lo deja llorar, para él su hijo está haciendo un escándalo por un simple juguete. Le hace comentarios como: “ya deja de llorar, no es para tanto”, dejando a Mario llorando en el piso, al poco rato Roman castiga a Mario por hacer berrinches.
Pero, ¿Mario realmente aprende de este castigo? En esta situación, la emoción principal de Mario es la frustración. El problema no es sentir frustración, sino no contar todavía con herramientas para manejarla. Por eso el berrinche puede entenderse como una reacción ante una emoción que aún no sabe expresar de otra manera.
Del berrinche al aprendizaje
Los niños aún están aprendiendo a regular sus emociones, es por eso que como adultos debemos ser una guía, una persona que puede acompañar, comprender y brindar herramientas funcionales, e incluso enseñar formas adecuadas de expresarlas, a comparación de solo castigar y evitar una conducta poco favorable.
Como vimos en el ejemplo pasado, Mario solo puede evitar la conducta pero la frustración sigue estando presente, en lugar de “deja de llorar”, un adulto que comprende puede decir “sé que estás triste porque querías mucho ese juguete pero por el momento no te lo puedo comprar por tal situación…”
La diferencia es que ahora Mario no solo está experimentando frustración, también está aprendiendo qué hacer con ella.
Lo que realmente aprenden los niños
Aprender a tolerar la frustración, a diferencia de obedecer por miedo a una consecuencia, son cosas distintas, sin embargo, ambas pueden nacer desde cómo abordamos un berrinche, pues no solo son rabietas ya que detrás hay una emoción que nuestro niño aún no sabe cómo explicar con palabras,por lo que acompañarlos en ese proceso puede convertirse en una oportunidad de aprendizaje más valiosa que cualquier castigo.
Después de todo, la regulación emocional no aparece por sí sola, sino que se construye a través de las experiencias y de los adultos que acompañan ese proceso.
Quizá el objetivo no sea que los niños dejen de llorar de inmediato, sino enseñarles qué hacer con aquello que sienten cuando las cosas no salen como esperan. Continua leyendo contenido como este en nuestro blog de Clínica Minerva.
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