Autor: Psic. Marco Altamirano
Es bastante común creer que “si una terapia no ayuda, al menos no hace daño”, de esta forma se abre la puerta a todo tipo de prácticas que van desde lo alternativo hasta lo natural, y aunque parece una idea razonable, la realidad es más compleja.
Las prácticas sin respaldo científico pueden ser ineficaces pero al mismo tiempo podrían empeorar los síntomas, generar falsas expectativas, altos costos económicos y retrasar el acceso a tratamientos que sí funcionan. En la práctica clínica se encuentran casos donde las personas con depresión, ansiedad o experiencias traumáticas han invertido meses o años en intervenciones que les son de poca ayuda mientras los síntomas siguen allí.
También puedes leer nuestra anterior entrada: Mitos psicológicos populares que vale la pena revisar: lo que creemos sobre la mente.
En el artículo de hoy hablaremos sobre este tema para promover decisiones más informadas y responsables, pues en salud mental, elegir bien el tipo de ayuda también es una forma de cuidarse.
El costo que no siempre se calcula
El primer costo que se da por hecho al hablar de tratamientos ineficaces es el económico, aunque si observamos con mayor detenimiento, el dinero es solamente parte de todos los impactos.
Uno de los costos más importantes es el tiempo, dado que cuando una persona permanece en una intervención que no está ayudando realmente, los síntomas pueden continuar, intensificarse o volverse más difíciles de tratar. A esto se suma el desgaste emocional: es frecuente ver personas que llegan a sentirse frustradas o culpables cuando una terapia prometía resultados y esos resultados nunca llegan.
Suele haber culpa reflejada en frases como: «Si no mejoro, quizá no me estoy esforzando lo suficiente». Esta es una de las conclusiones más dolorosas e injustas que puede generar una terapia que no funciona.
También existe lo que podría llamarse el costo de oportunidad: el tiempo, la energía y la esperanza invertidos en algo que quizá no estaba funcionando son recursos que podrían haberse destinado a una intervención con mayor respaldo. En salud mental, acceder a tratamientos basados en evidencia no garantiza soluciones mágicas, pero sí aumenta considerablemente la probabilidad de recibir ayuda más segura, ética y efectiva.
Cuando una intervención puede empeorar el problema
El simple hecho de que una práctica sea llamada “terapia” no la hace automáticamente segura, por el contrario, algunas intervenciones podrían aumentar el malestar, reforzar síntomas o generar consecuencias negativas cuando no están adecuadamente respaldadas, supervisadas o aplicadas.
El manejo de ciertas técnicas requiere conocimiento especializado, por ejemplo, revivir experiencias dolorosas, y no contar con las herramientas necesarias para manejarlas podría generar angustia y desregulación emocional. O las interpretaciones poco realistas sobre el origen del sufrimiento que podrían llevar a que la persona se sienta responsable de no mejorar.
En otros casos se observa que algunas prácticas están diseñadas para generar dependencia hacia el terapeuta quien es tomado como una autoridad que posee todas las respuestas, no se fomenta la autonomía ni la comprensión real del problema, lo que aumenta la confusión, el miedo o la necesidad de validación externa .
Los procesos terapéuticos útiles a veces son complejos, pues a diferencia de una terapia dañina, parte de objetivos claros, respaldo en la evidencia científica y aplicación ética y responsable por parte de un profesional.
No toda experiencia incómoda en terapia indica mala práctica: cualquier proceso psicológico serio puede involucrar momentos emocionalmente difíciles. Pero eso es distinto a permanecer en una intervención que no tiene dirección clara, que no genera ningún tipo de avance o que, con el tiempo, profundiza el malestar.
¿Por qué algunas personas sienten mejoría aunque la terapia no funcione?
El alivio tras someterse a una práctica de dudosa procedencia puede ser real y válido, el problema radica en asumir que ese alivio se debió específicamente a la técnica utilizada, en salud mental existen múltiples factores que influyen en cómo una persona se siente con el paso del tiempo, más allá del tratamiento recibido.
Algunos de los más comunes:
• El efecto placebo: cuando se cree que algo ayudará, las expectativas pueden generar cambios subjetivos reales en la percepción del malestar.
• El apoyo emocional recibido: sentirse escuchado o acompañado genera alivio por sí mismo, incluso si la técnica utilizada carece de respaldo científico.
• El paso del tiempo: muchas emociones intensas disminuyen naturalmente con las semanas, especialmente después de situaciones como rupturas, duelos o episodios de estrés.
• Cambios externos no relacionados con el tratamiento: mejorar el sueño, resolver un problema económico o salir de una situación estresante también influye significativamente en el bienestar emocional.
Por ello, en salud mental es importante diferenciar entre alivio subjetivo momentáneo y eficacia real sostenida. Que algo haga sentir bien temporalmente no siempre significa que esté resolviendo el problema de fondo.
El impacto sobre la confianza en la salud mental
La desconfianza que existe hacia la psicología se nutre precisamente de malas experiencias con intervenciones pseudocientíficas, estas dañan la confianza. Después de invertir tiempo, esperanza y recursos en algo que no funcionó, es comprensible que aparezcan sentimientos de frustración, decepción y escepticismo.
Lo anterior lleva a que las personas concluyan que “todas las terapias son iguales” o que ningún profesional puede ofrecer ayuda real, algunas personas abandonan completamente la búsqueda de apoyo psicológico, lo que puede traer serias consecuencias sobre todo si existen problemas de salud mental que sí requieren un tratamiento.
Es común encontrar en redes sociales y medios digitales tratamientos milagro, discursos que parecen mezclar conceptos científicos con ideas de dudosa evidencia, lo que aumenta la confusión y dificulta distinguir entre intervenciones respaldadas por investigación y propuestas basadas en marketing y testimonios.
Señales de alerta que vale la pena conocer
No siempre es fácil identificar cuándo una intervención realmente está ayudando. A continuación te presentamos una lista con señales que pueden indicar la necesidad de detenerse y reevaluar:
• Ausencia de avances observables después de un tiempo razonable
• Promesas exageradas
• Explicaciones vagas o imposibles de cuestionar
• Presión para continuar sin dirección clara
¿Qué sí debería ofrecer una atención responsable?
Una atención responsable en salud mental se orienta a un procesos profesional, ético y en busca del bienestar real, se aleja de promesas milagrosas y explicaciones simplistas, con consciencia de que ningún tratamiento puede ofrecer resultados inmediatos, las terapias basadas en evidencia reúnen los siguientes elementos indispensables para la práctica clínica:
• Una evaluación adecuada del problema antes de iniciar cualquier intervención, que permita comprender qué está ocurriendo y cómo afectan los síntomas a la vida de la persona.
• Objetivos terapéuticos claros: que la persona entienda qué se está trabajando, para qué sirven las estrategias utilizadas y cómo se espera que el proceso contribuya a su bienestar.
• Seguimiento del progreso: observar cambios concretos en síntomas, funcionamiento o calidad de vida, más allá de impresiones subjetivas.
• Transparencia sobre límites y alcances: reconocer que no existen soluciones mágicas, que cada caso es distinto y que las intervenciones deberían estar respaldadas por evidencia en la mayor medida posible.
Elegir bien también es una forma de cuidarse
La pseudociencia en salud mental va más allá del debate académico, sus efectos pueden impactar directamente el bienestar de las personas: pérdida de tiempo, desgaste emocional, gastos innecesarios, retrasos en recibir ayuda y, en algunos casos, un empeoramiento de los síntomas.
Buscar ayuda basada en evidencia no significa buscar tratamientos perfectos ni soluciones inmediatas. Significa aumentar la probabilidad de recibir una atención ética, profesional y orientada al bienestar real. En salud mental, tomar decisiones informadas también es una forma de autocuidado.
En Clínica Minerva se trabaja desde un enfoque basado en evidencia, con la Terapia Cognitivo-Conductual como marco central. Esto implica evaluaciones serias, objetivos claros, seguimiento del progreso y una relación terapéutica transparente y responsable. Te invitamos a agendar una cita con nuestros especialistas.
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