Qué es el estrés- TCC- Bienestar Emocional- Psicólogos en Puebla

¿Qué es el estrés y por qué no siempre es algo malo?

Escuchar la palabra “estrés” nos lleva a asociarla automáticamente con algo negativo: agotamiento, ansiedad o sensación de estar sobrepasado, y de alguna forma es comprensible dado el malestar que esto genera y lo común que es experimentarlo en un mundo donde se vive bajo presión, y donde muchas veces el estrés es una consecuencia inevitable de la vida. 

La respuesta de estrés también cumple funciones fundamentales en nuestra supervivencia y adaptación, funciones que pocas veces son vistas al enfocar únicamente sus efectos negativos. Desde una perspectiva psicológica y biológica, el estrés es la forma en que el organismo se prepara para afrontar lo que percibe como un desafío, sin esta capacidad sería mucho más difícil adaptarnos a los cambios, resolver problemas o responder ante situaciones que requieren nuestra atención.

En esta entrada se explora qué es realmente el estrés, por qué existe, cuándo puede ser un aliado y cuándo empieza a convertirse en un problema para la salud y el bienestar.

También puedes leer nuestra entrada anterior para conocer lo que hace a un buen terapeuta más allá de su experiencia clínica: No basta con experiencia clínica: ciencia, humildad y pensamiento crítico en psicoterapia, donde hablamos sobre por qué la humildad clínica y el pensamiento crítico son tan importantes como el conocimiento técnico para ofrecer una atención ética, efectiva y basada en evidencia.

¿Qué es el estrés, exactamente?

Cuando aparece una situación que requiere adaptación, resolución de problema o enfrentarse a una posible amenaza, aparece el estrés como respuesta natural del organismo. Esta respuesta se acompaña de cambios físicos y psicológicos que preparan al cuerpo para actuar.

Entre las señales físicas del estrés podemos encontrar: aumento de la frecuencia cardiaca, tensión muscular, respiración acelerada o mayor disponibilidad de energía; mientras que a nivel psicológico se presenta una mayor atención, concentración, sensación de urgencia o preocupación. 

En ese sentido, otra forma de ver el estrés es como la herramienta que ayuda al organismo a prepararse para las demandas de la vida, sin embargo, puede representar una dificultad cuando se activa con demasiada frecuencia, se mantiene durante periodos prolongados o resulta desproporcionado con respecto a la situación. 

¿Por qué existe el estrés? Una respuesta con historia evolutiva

Gracias a la respuesta de estrés, el ser humano aumentó las probabilidades de supervivencia, pues las amenazas de peligros naturales o amenazas inmediatas de depredadores obligaron a nuestros antepasados a actuar con rapidez, ante lo que el organismo desarrolló un sistema capaz de detectar amenazas y preparar al cuerpo para actuar de manera rápida.

Cuando se percibe una situación importante, el cerebro activa cambios físicos y mentales: el corazón late más rápido, aumenta la energía disponible para los músculos, la atención se concentra en lo relevante y los sentidos se agudizan. El estrés funciona, en esencia, como una alarma que moviliza recursos para afrontar lo que requiere acción.

Hoy en día las amenazas han cambiado, ahora se trata de: un examen, una entrevista, responsabilidades familiares, presiones económicas, etc. pero el sistema biológico sigue cumpliendo la misma función que es ayudar a adaptarse y responder.  

Cuándo el estrés trabaja a nuestro favor

En niveles moderados el estrés puede ser una herramienta genuinamente útil cuando el organismo detecta un desafío importante, esto debido a que activa recursos físicos y mentales que permiten responder de manera más eficiente.

Beneficios del estrés moderado:

•      Mayor capacidad de concentración y atención sostenida.

•      Incremento temporal de energía disponible para la acción.

•      Mayor motivación para prepararse y rendir mejor.

•      Facilitación de la adaptación a situaciones nuevas o exigentes.

Por ejemplo: sentir cierto nivel de activación antes de un examen puede ayudar a mantenerse enfocado y a recordar mejor la información estudiada. Antes de una entrevista de trabajo, los nervios pueden impulsar a prepararse con más cuidado. En el ámbito deportivo, una activación moderada mejora el rendimiento al aumentar la velocidad de respuesta.

La clave está en que esa activación sea temporal y proporcional a la situación, lo que permite responder eficazmente sin generar un desgaste excesivo.

¿Qué ocurre en el cuerpo cuando nos estresamos?

El sistema nervioso autónomo es el principal encargado de regular funciones corporales automáticas como la respiración, el ritmo cardíaco y la liberación de hormonas, y cuando se percibe una situación como desafiante o amenazante, el cerebro activa mecanismo que involucran a este sistema para actuar adaptativamente.

Sucede entonces la liberación de adrenalina y cortisol, la primera actúa rápidamente, preparando al cuerpo para reaccionar de inmediato, mientras que la segunda ayuda a mantener la energía necesaria para sostener la respuesta durante más tiempo. Estas sustancias no son dañinas por sí mismas; forman parte de un sistema adaptativo que ha acompañado a los seres humanos a lo largo de la evolución.

Cambios físicos más frecuentes:

•   Aumento de la frecuencia cardíaca para llevar más oxígeno a los músculos.

•      Respiración más rápida para mejorar el aporte de oxígeno.

•      Tensión muscular en preparación para la acción.

•      Mayor estado de alerta para detectar lo relevante en el entorno.

Por eso, cuando hay estrés, es posible sentir el corazón acelerado, tensión en el cuello o los hombros, inquietud o una sensación de estar «en guardia». Todos esos cambios tienen un propósito: preparar al organismo para afrontar el desafío, pero el problema aparece cuando esa activación se mantiene durante demasiado tiempo.

Cuándo el estrés deja de ser útil

El estrés deja de ser adaptativo cuando la intensidad es demasiado alta, cuando se activa constantemente o cuando permanece durante periodos prolongados sin que el organismo tenga oportunidad de recuperarse. En esos casos, el sistema de alerta permanece encendido más tiempo del necesario y el cuerpo comienza a funcionar como si enfrentara una amenaza continua.

Con el paso del tiempo, esta activación sostenida puede generar un importante desgaste físico y emocional teniendo consecuencias como:  agotamiento persistente y sensación constante de cansancio, dificultades para dormir o para mantener un sueño reparador, irritabilidad, cambios en el estado de ánimo, menor tolerancia a la frustración, problemas de concentración, dificultades para tomar decisiones y síntomas físicos como dolores de cabeza, tensión muscular o molestias gastrointestinales. 

¿Cómo distinguir el estrés saludable del problemático?

Aprender a identificar cuándo el estrés está presente en su parte adaptativa y cuándo está funcionando como una carga, es una habilidad muy importante que puede entrenarse tomando las siguientes preguntas como una guía: 

¿Este estrés me impulsa a actuar o me paraliza? El estrés saludable moviliza hacia la acción. El estrés excesivo genera bloqueos, evitación o dificultades para tomar decisiones.

¿Desaparece cuando pasa la situación que lo provocó? Es normal sentir activación antes de un desafío puntual. Cuando la tensión continúa días o semanas después de que el evento terminó, puede ser señal de que el organismo tiene dificultades para recuperar el equilibrio.

¿Está afectando el sueño, las relaciones o el funcionamiento diario? Si el estrés interfiere con áreas importantes de la vida, probablemente ya dejó de ser únicamente una respuesta adaptativa.

¿Cómo se trabaja el estrés desde la TCC?

El trabajo terapéutico con el estrés no consiste únicamente en reducir síntomas, sino en comprender qué factores lo están generando y desarrollar herramientas para afrontarlos de manera más efectiva. Desde la Terapia Cognitivo-Conductual, el proceso suele incluir varios componentes:

•      Identificación de las fuentes de estrés: es muy común que las personas se enfoquen en los síntomas del estrés pero pocas veces tienen claridad sobre qué situaciones, pensamientos o hábitos están contribuyendo al problema.

•      Desarrollo de habilidades de afrontamiento: resolución de problemas, manejo emocional, establecimiento de límites y estrategias para responder adaptativamente a situaciones difíciles.

•      Reorganización de hábitos y rutinas: el sueño, la alimentación, la actividad física y los momentos de descanso influyen directamente en el manejo del estrés.

•      Trabajo sobre los pensamientos que amplifican la activación: interpretaciones como: «debo hacerlo perfecto», «no puedo equivocarme» o «si algo sale mal será un desastre» suelen intensificar el estrés innecesariamente. Aprender a identificarlas y cuestionarlas permite desarrollar una perspectiva más realista y flexible.

El estrés como punto de partida, no como destino

Cómo hemos visto, el estrés forma parte natural de la experiencia humana y en niveles adecuados, puede ayudar a mantenerse alerta, responder a desafíos y adaptarse a situaciones nuevas. La dificultad aparece cuando se vuelve demasiado intenso, frecuente o prolongado y comienza a afectar la salud física, emocional y el funcionamiento diario.

Comprender qué es el estrés y por qué existe permite cambiar la forma en que se establece la relación con él, más allá de verlo como un enemigo, el estrés puede verse como un aliado que a veces puede darnos señales que informan sobre los retos que estás por enfrentar y los recursos que necesitas para afrontarlos.

En Clínica Minerva se trabaja desde un enfoque basado en evidencia que ayuda a identificar las fuentes de estrés, desarrollar estrategias de afrontamiento concretas y modificar los patrones de pensamiento que lo amplifican innecesariamente. Si el estrés está comenzando a interferir con el bienestar o con el funcionamiento diario, agendar una evaluación inicial puede ser el primer paso para entender qué está ocurriendo y cómo abordarlo.

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