Autora: Abigail Mora
Las autolesiones no suicidas son conductas en las que una persona se provoca daño físico de manera intencional sin que exista, en ese momento, la intención de morir. En muchos casos, estas conductas aparecen como una forma de afrontar emociones intensas, disminuir temporalmente el malestar o expresar un sufrimiento que resulta difícil comunicar de otra manera.
Es importante diferenciar las autolesiones no suicidas de un intento de suicidio. Aunque en las primeras no existe la intención de terminar con la propia vida, esto no significa que deban minimizarse. Las personas que se autolesionan pueden experimentar un malestar emocional importante y, además, las autolesiones pueden coexistir con pensamientos o conductas suicidas. Por esta razón, es importante realizar una valoración profesional cuando aparecen.
Las autolesiones suelen comenzar durante la adolescencia, una etapa en la que ocurren numerosos cambios físicos, emocionales y sociales. Durante estos años, algunas personas pueden tener dificultades para identificar, expresar o regular emociones intensas y recurrir a estas conductas como una estrategia de afrontamiento.
En nuestra entrada pasada aprendimos algunas de las creencias equivocadas más frecuentes sobre el amor propio y cómo podemos desarrollar una visión más realista y saludable de nuestra relación con nosotros mismos. Puedes leerla dando clic a continuación: Mitos sobre el amor propio.
Comprendiendo las autolesiones
Algunas formas de autolesión pueden incluir:
- Cortarse o rasparse intencionalmente.
- Provocarse quemaduras.
- Golpearse a sí mismo.
- Golpear alguna parte del cuerpo contra objetos o superficies.
Más allá de la forma en que ocurre la lesión, es importante comprender qué función está cumpliendo esa conducta para la persona. En algunos casos puede buscar disminuir ansiedad, enojo o tristeza; en otros, interrumpir una sensación de vacío, expresar malestar o castigarse a sí misma
Factores que pueden aumentar el riesgo de autolesiones
No existe una única causa que explique por qué una persona comienza a autolesionarse, generalmente intervienen diferentes factores personales, emocionales y sociales. La presencia de alguno de ellos tampoco significa necesariamente que una persona vaya a desarrollar estas conductas.
Algunos factores que pueden aumentar el riesgo son:
- Presentar algún problema de salud mental, especialmente cuando existe un malestar emocional intenso.
- Haber vivido experiencias traumáticas o adversas, como violencia intrafamiliar, abuso, acoso escolar u otras situaciones de violencia.
- Presentar consumo problemático de sustancias.
- Tener dificultades relacionadas con la autoestima o el autoconcepto.
- Experimentar aislamiento social o dificultades importantes en las relaciones interpersonales.
- Tener dificultades para identificar, expresar o regular emociones intensas.
- Haber presentado autolesiones anteriormente.
Es importante recordar que estos factores no funcionan de manera aislada. Comprender el contexto de cada persona permite identificar qué situaciones, pensamientos y emociones están relacionados con la conducta y qué tipo de apoyo puede necesitar.
Algunos mitos sobre las autolesiones
Alrededor de las autolesiones existen diferentes creencias que pueden generar estigma y dificultar que las personas pidan ayuda.
“Una autolesión es un intento de manipulación”
Existe la creencia de que las personas se autolesionan únicamente para llamar la atención o manipular a quienes las rodean. Sin embargo, reducir la conducta a una búsqueda de atención puede hacer que ignoremos el malestar emocional que existe detrás de ella.
Incluso cuando una autolesión funciona como una forma de comunicar sufrimiento o pedir ayuda, esto no significa que el malestar sea falso. La conducta debe tomarse en serio y abordarse sin juicios.
“Las autolesiones son conductas irracionales”
Aunque causarse daño tiene consecuencias negativas, la conducta puede estar cumpliendo una función psicológica para la persona. Por ejemplo, puede producir una disminución temporal de emociones intensas como ansiedad, enojo, angustia o tristeza.
El problema es que este alivio suele durar poco tiempo. Si la persona aprende que autolesionarse disminuye momentáneamente su malestar, puede recurrir nuevamente a esta estrategia cuando aparecen emociones difíciles, favoreciendo que se mantenga el ciclo.
“Autolesionarse significa tener un trastorno mental”
Las autolesiones pueden aparecer asociadas con diferentes problemas de salud mental, pero su presencia por sí sola no permite concluir que una persona tenga un trastorno específico.
Por esta razón, es importante evitar realizar diagnósticos únicamente a partir de la presencia de autolesiones. Una valoración profesional permite conocer el contexto de la persona, la frecuencia de la conducta, su función y la presencia de otros síntomas.
“Autolesionarse es algo exclusivo de los jóvenes”
Aunque las autolesiones aparecen con frecuencia durante la adolescencia, no son exclusivas de esta etapa. También pueden presentarse en personas adultas.
Más que asociarlas únicamente con una edad determinada, es importante comprenderlas como una posible estrategia poco saludable para afrontar un malestar emocional intenso.
Trastorno límite de la personalidad y autolesiones
El Trastorno Límite de la Personalidad (TLP) es un trastorno caracterizado, entre otros aspectos, por dificultades importantes en la regulación emocional, las relaciones interpersonales, la imagen de uno mismo y, en algunos casos, la impulsividad.
Las autolesiones pueden presentarse en algunas personas con TLP y llegar a utilizarse como una estrategia para disminuir temporalmente emociones intensas, afrontar situaciones interpersonales difíciles o manejar sentimientos de vacío o angustia.
Sin embargo, es importante evitar asociar automáticamente las autolesiones con este diagnóstico. Estas conductas también pueden aparecer en personas con otros problemas psicológicos e incluso sin que exista un diagnóstico de TLP. La presencia de autolesiones, por sí misma, no es suficiente para diagnosticar un trastorno de personalidad.
El ciclo de una autolesión
Comprender cómo se desarrolla una autolesión puede ayudarnos a identificar por qué esta conducta puede repetirse. Aunque cada persona tiene una experiencia diferente, en algunos casos podemos observar un ciclo similar al siguiente:
Primera etapa: sufrimiento emocional
Puede aparecer una situación desencadenante, como una discusión, rechazo, conflicto familiar, recuerdo doloroso, sensación de fracaso o cualquier experiencia que genere un malestar significativo.
También pueden aparecer pensamientos como: “No puedo soportar esto”, “todo es mi culpa” o “necesito dejar de sentirme así”.
Segunda etapa: sobrecarga emocional
Las emociones aumentan progresivamente y la persona puede experimentar ansiedad, tristeza, enojo, culpa, frustración o sensación de vacío. Cuando no cuenta con estrategias suficientes para regular ese malestar, puede percibir la situación como difícil de soportar.
Tercera etapa: autolesión
La persona recurre a la autolesión como una estrategia para modificar lo que está sintiendo. Después de realizarla puede experimentar una reducción temporal de la tensión emocional.
Precisamente este alivio momentáneo ayuda a explicar por qué la conducta puede repetirse: la persona aprende que, al menos durante unos momentos, autolesionarse modifica el malestar que estaba experimentando.
Cuarta etapa: culpa, vergüenza o preocupación
Después del alivio pueden aparecer sentimientos de culpa, vergüenza, miedo o arrepentimiento. También puede existir preocupación porque alguien descubra las lesiones o por las consecuencias físicas de la conducta.
Estas emociones pueden generar nuevamente malestar y contribuir a que el ciclo vuelva a comenzar cuando aparezca otra situación difícil.
Por esta razón, trabajar únicamente para que la persona “deje de hacerlo” puede ser insuficiente. También es necesario comprender qué función cumple la autolesión y enseñar estrategias alternativas para manejar las emociones y situaciones que la desencadenan.
¿Cómo puedes ayudar a una persona que se autolesiona?
Descubrir que una persona cercana se autolesiona puede generar miedo, preocupación, enojo o incluso la sensación de no saber qué hacer. Aunque no puedes controlar completamente sus acciones, sí puedes convertirte en una fuente importante de apoyo y facilitar que reciba ayuda.
Algunas formas de ayudar son:
- Escuchar con atención y sin juzgar. Evita frases como “solo quieres llamar la atención”, “prométeme que nunca volverás a hacerlo” o “¿por qué te haces esto?” desde un tono de reproche.
- Animarla a buscar ayuda profesional. Un psicólogo, psiquiatra u otro profesional de la salud puede evaluar lo que está ocurriendo y desarrollar un plan de intervención adecuado.
- No prometer guardar el secreto. Especialmente cuando se trata de un menor de edad o existe preocupación por su seguridad, puede ser necesario buscar apoyo de un adulto responsable o profesional.
- Preguntar cómo puedes ayudar. En lugar de asumir lo que necesita, puedes preguntarle qué suele ayudarle cuando experimenta emociones intensas.
- Tomar en serio cualquier señal relacionada con suicidio. Si la persona expresa deseos de morir, planes suicidas o existe un peligro inmediato, es necesario buscar atención de emergencia.
Comprender antes que juzgar
Las autolesiones no suicidas son conductas en las que una persona se provoca daño físico intencionalmente sin intención suicida, frecuentemente como una manera de afrontar o disminuir temporalmente un malestar emocional. Aunque suelen comenzar durante la adolescencia y pueden relacionarse con algunos problemas de salud mental, también pueden presentarse en otras etapas de la vida y no permiten establecer por sí solas un diagnóstico.
Comprender las autolesiones implica mirar más allá de la lesión visible y preguntarnos qué pensamientos, emociones y situaciones están manteniendo esa conducta. El alivio que algunas personas experimentan después de autolesionarse puede reforzar temporalmente este patrón, por lo que resulta importante desarrollar otras estrategias de regulación emocional y afrontamiento.
Las autolesiones no deberían interpretarse simplemente como manipulación o búsqueda de atención. Son una señal que merece ser escuchada y valorada profesionalmente. Reconocer los factores de riesgo, comprender el ciclo de la autolesión y brindar apoyo sin juzgar puede favorecer que la persona pida ayuda y encuentre formas más saludables de afrontar sus emociones. Si tú o alguien cercano a ti podría beneficiarse de la atención a su bienestar emocional, no dudes en agendar una cita con nuestros especialistas en Clínica Minerva.
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