Por: Mariana Larios
Los videojuegos forman parte de la vida cotidiana de millones de personas en todo el mundo. Para muchos son una fuente de diversión o incluso una forma de socializar con personas de todo el mundo; sin embargo, en ciertos casos pueden convertirse en una conducta difícil de controlar. La adicción a los videojuegos no se trata simplemente de jugar mucho, sino de un fenómeno complejo en el que el cerebro se ve atrapado por los mismos circuitos que participan en otras adicciones.
Te invitamos a leer nuestra entrada anterior:Neuropsicología de la adicción: lo que sucede en el cerebro durante una dependencia, en donde te explicamos cómo los procesos cerebrales relacionados con la recompensa, la motivación y el autocontrol se ven alterados cuando hay una adicción.
Sin embargo, como ocurre con cualquier actividad placentera, existe el riesgo de que el uso de los videojuegos como diversión se transforme en un patrón problemático. Cuando una persona pierde el control sobre el tiempo que dedica a jugar y su vida comienza a tener un deterioro significativo, hablamos de un trastorno de adicción a los videojuegos. La Organización Mundial de la Salud (OMS) incluyó el Gaming Disorder en la CIE-11 (Clasificación Internacional de Enfermedades).
¿Qué pasa en el cerebro cuando jugamos?
El atractivo de los videojuegos no es casualidad: están diseñados para activar mecanismos cerebrales muy potentes.
Sistema de recompensa: Cada vez que un jugador supera un reto, gana puntos, supera un nivel, obtiene recompensas virtuales o desbloquea un logro, el cerebro libera dopamina, el neurotransmisor relacionado con la motivación y la sensación de placer. Este circuito se conduce como un reforzador de la conducta de jugar de manera imparable lo que genera de manera intensa la conducta de jugar, generando tolerancia, pérdida de control y malestar al intentar reducir el tiempo frente a la pantalla.
Atención y memoria: Muchos videojuegos exigen procesar información rápida, planear movimientos estratégicos y recordar patrones. Esto estimula áreas cerebrales vinculadas con la concentración y el aprendizaje.
Retroalimentación inmediata: A diferencia de la vida real, donde los resultados pueden tardar en llegar, en los videojuegos la recompensa es instantánea. Esa inmediatez refuerza la conducta y aumenta el deseo de seguir jugando.
Comprender cómo funcionan estos procesos en el cerebro no solo ayuda a explicar por qué algunos jugadores desarrollan dependencia, sino también a encontrar estrategias más efectivas de prevención y tratamiento.
¿Cuándo deja de ser diversión y se convierte en adicción?
No toda persona que juega mucho tiempo tiene adicción. La clave está en el impacto que tiene en su vida. La OMS define el gaming disorder con los siguientes criterios:
1. Pérdida de control sobre el juego
- No puede regular la frecuencia, duración o momento en que juega.
- Intenta reducir el tiempo de juego, pero no lo logra.
2. Prioridad creciente al juego
- El videojuego se vuelve más importante que otras actividades cotidianas (estudio, trabajo, relaciones sociales, autocuidado).
- Rechaza actividades que antes disfrutaba porque prefiere jugar.
3. Persistencia a pesar de consecuencias negativas
- Sigue jugando aunque aparezcan problemas en su rendimiento escolar o laboral.
- Descuidar el sueño, la alimentación o la higiene personal.
- Conflictos con familia o amigos por el tiempo que dedica a jugar.
4. Duración en el tiempo
- Para considerarse un trastorno, el patrón debe mantenerse al menos 12 meses.
- En casos graves, puede diagnosticarse antes de ese plazo.
Consecuencias en la vida diaria
Cuando el hábito de jugar se vuelve excesivo, las repercusiones suelen hacerse presente en varias áreas de la vida tales como:
Físicas: la falta de descanso por trasnochar frente a la pantalla conduce al insomnio; las largas horas sentado generan dolores musculares y problemas posturales; además, el sedentarismo aumenta el riesgo de sobrepeso y otros problemas de salud.
Psicológicas: aparecen cambios emocionales como irritabilidad, frustración y ansiedad. Si el juego se utiliza como vía de escape, se incrementa la vulnerabilidad a la depresión. También puede generar una dependencia emocional, donde el videojuego se convierte en la única fuente de satisfacción.
Sociales: el aislamiento social se vuelve cada vez más marcado, disminuyen los encuentros con amigos y familiares, y surgen conflictos con padres o pareja. Todo esto puede derivar en un bajo rendimiento escolar, pérdida de oportunidades laborales o abandono de metas importantes.
Ejemplo: Un adolescente que pasa 10 horas diarias jugando en línea, falta a clases por desvelarse y evita reuniones familiares para no desconectarse del juego, aquí se puede notar que ya está mostrando consecuencias negativas en su vida cotidiana.
¿Qué hacer si hay señales de adicción a los videojuegos?
Detectar el problema a tiempo es clave para prevenir que avance. Algunas medidas son:
- Evaluación profesional: acudir a un psicólogo o psiquiatra especializado en adicciones. El diagnóstico no solo se basa en la cantidad de horas de juego, sino en el impacto que genera en la persona.
- Límites claros: establecer horarios fijos para jugar, evitando que interfieran con el sueño, la escuela o el trabajo.
- Alternativas saludables: fomentar actividades que también generen placer y motivación (deporte, arte, lectura, interacción social).
- Tratamiento basado en evidencia: la terapia cognitivo-conductual ayuda a identificar pensamientos disfuncionales, mejorar la autorregulación y fortalecer habilidades para manejar el tiempo y el estrés.
- Apoyo familiar: la comunicación abierta y la supervisión activa son esenciales, sobre todo en adolescentes.
Conclusión
Los videojuegos forman parte de la vida moderna y en la mayoría de los casos, ofrecen beneficios como mejorar la atención, estimular la creatividad y favorecer la socialización. Sin embargo, cuando el juego desplaza el descanso, las responsabilidades o las relaciones importantes, deja de ser un pasatiempo saludable y pasa a transformarse en un factor de riesgo.
La clave está en reconocer los límites: detectar a tiempo las señales de alerta, establecer un uso equilibrado y en caso necesario, acudir a un especialista. Con apoyo y orientación adecuada, es posible recuperar el control y seguir disfrutando de los videojuegos como lo que deberían ser: una fuente de entretenimiento, aprendizaje y conexión, y no una adicción que limite la vida.
En Clínica de Salud Mental Minerva contamos con psicólogos especialistas en el tratamiento de conductas adictivas, así como en el acompañamiento de adolescentes y adultos que enfrentan problemas de adicción a los videojuegos. Si identificas estas señales en ti o en un ser querido, no esperes a que las consecuencias avancen y sean graves: da el primer paso y agenda una cita con nosotros. Recuperar el equilibrio es posible con ayuda profesional.
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