Autor: Psic. Marco Altamirano
En salud mental existen ideas que se repiten tanto que terminan siendo creídas como verdaderas, las solemos ver en redes sociales, conversaciones del día a día y hasta en espacios de apoyo emocional. Frases como “piensa positivo y eso soluciona todo”, “el tiempo lo cura todo”, “si lo recuerdas debe de ser un trauma”; son algunos ejemplos de este tipo de sentencias que, aunque suenan lógicas y reconfortantes, no tienen respaldo científico que las sustente más allá de su popularidad.
Lamentablemente este tipo de ideas pueden llevar a las personas a sentir culpa, expectativas poco realistas o confusión en sus procesos de sanación. Es común ver en los consultantes este tipo de mitos como verdades aceptadas sin cuestionamiento alguno. Una persona puede llegar a pensar: «si todavía me siento mal, algo estoy haciendo mal». Otra puede evitar pedir ayuda porque cree que «hablar de sus emociones siempre va a doler más», en ambos casos esto puede ser un obstáculo de ayuda.
Si te interesa conocer cuáles son las trampas mentales más comunes que suceden en el proceso de hacer psicoterapia y que a veces pasan desapercibidos por los terapeutas, te invitamos a leer nuestra entrada anterior: Sesgos cognitivos en terapia: cuando lo que creemos influye en lo que vemos.
Los mitos en psicología no aparecen de la nada, otorgan explicaciones que dan cierta certidumbre al malestar o a veces suenan lo bastante lógicos como para atreverse a cuestionarlos, en esta entrada buscamos desarrollar una visión más informada y compasiva sobre cómo funcionan realmente algunos aspectos de la mente humana.
¿Por qué los mitos psicológicos son tan difíciles de desmentir?
Los mitos psicológicos se propagan con facilidad porque muchas veces se sienten verdaderos. Cuando una idea viene acompañada de un testimonio emocional como «a mí me funcionó», nuestro cerebro tiende a darle credibilidad automáticamente, aunque una experiencia individual no sea suficiente para demostrar que algo sirve para todas las personas.
A esto se suma la simplificación. Temas tan complejos como el trauma, la ansiedad o la personalidad se resumen constantemente en videos cortos o frases virales, lo que puede hacer que la información sea más fácil de consumir, pero también más imprecisa. Y cuando una idea se repite lo suficiente, ya sea en redes, películas o contenido de autoayuda, empieza a percibirse como cierta aunque nadie haya revisado la evidencia que la respalda.
Mito 1: «Golpear cosas ayuda a sacar la ira»
La imagen de la ira como una olla de presión está muy arraigada: si no se libera, explota, se escucha comúnmente. Por eso golpear almohadas o gritar para descargar el enojo físicamente suele verse como una forma saludable de «desahogarse», una forma que a veces se ha normalizado hasta en los consultorios terapéuticos.
Sin embargo, la evidencia psicológica muestra que reforzar conductas agresivas muchas veces no reduce la ira a largo plazo, sino que puede aumentar la activación emocional. Cuando el cerebro aprende que esa es la forma habitual de responder al malestar, el patrón de explosión se fortalece, no se resuelve.
Imagina a un hombre que cada vez que se enoja con su pareja golpea puertas o arroja objetos, lo que le hace sentir aliviado momentáneamente, sin darse cuenta de que con esto es más probable que su irritabilidad aumente con el tiempo. En un futuro no solo le costará manejar las situaciones de forma más tranquila, además se ganará más problemas de pareja. Expresar ira no siempre equivale a regularla, es importante validar la emoción pero también aprender a responder a ella.
Desde la Terapia Cognitivo-Conductual, el trabajo con el enojo no busca suprimir la emoción, sino aprender a reconocerla, identificar qué la activa y responder de manera más consciente. Muchas veces, regular la ira implica tolerar la activación emocional sin actuar impulsivamente sobre ella. Eso requiere práctica, pero también es una habilidad que se puede desarrollar.
Mito 2: «Hablar de suicidio puede meterle ideas a alguien»
Los temas relacionados con la muerte naturalmente causan temor en las personas, la tendencia a evitar estos temas es más que comprensible. Cuando un familiar presenta ideación suicida el instinto natural es no mencionarlo directamente por miedo a empeorar la situación, como resultado tenemos un silencio que refuerza el aislamientoy el establecimiento de mitos como “hablar de suicidio puede provocarlo”.
La evidencia científica indica que preguntar de manera adecuada y empática sobre pensamientos suicidas no aumenta el riesgo, al contrario, hablar del tema puede ayudar a que la persona se sienta escuchada, comprendida y menos sola.
Preguntar con calma y sensibilidad “¿Has tenido pensamientos de hacerte daño?” puede marcar la diferencia, acercar a la persona que sufre a pedir ayuda profesional o aminorar la carga de su dolor. Preguntar por ello no es “meterle ideas”, este tipo de pensamientos ya están allí incluso antes de preguntar, al mostrar apertura podemos ayudar a que alguien deje de cargar su ideación suicida en soledad.
Esto no significa que cualquier conversación improvisada sea suficiente. Hablar sobre suicidio requiere empatía, escucha activa y responsabilidad. Pero el silencio absoluto, en la mayoría de los casos, es más riesgoso que una conversación cuidadosa y humana.
Mito 3: «La memoria funciona como una grabadora»
Otra de las ideas ampliamente difundidas es la de la memoria perfecta, el creer que los recuerdos tal y como los rememoramos son infalibles, como si nuestro cerebro fuera una cámara que filma exactamente lo ocurrido y que nos muestra recuerdos completamente precisos.
Sin embargo, la memoria humana es reconstructiva. Cada vez que recordamos algo, nuestra mente reconstruye la experiencia utilizando fragmentos de información, emociones, interpretaciones y contexto. Por eso los recuerdos pueden modificarse con el tiempo o verse influenciados por conversaciones, estados emocionales o sugestión externa.
Dos personas pueden recordar de manera distinta una misma discusión o un mismo accidente. No porque alguna mienta, sino porque cada cerebro organizó y almacenó la experiencia desde una perspectiva diferente.
A veces podemos sentir mucha seguridad sobre un recuerdo, pero esto no garantiza que sea exacto, es común confundir la intensidad emocional con precisión absoluta, esto es especialmente relevante en experiencias traumáticas, donde las emociones intensas pueden afectar la forma en la se almacenan y recuperan ciertas vivencias.
Esto no quiere decir que todo recuerdo sea falso e invalido, es más bien una forma de ver a la memoria como algo más flexible y complejo de lo que solemos imaginar, y que abordarla con pensamiento crítico y sensibilidad forma parte del trabajo terapéutico.
Mito 4: «La medicación siempre es más efectiva que la terapia»
Concebir a la psicoterapia como un apoyo secundario que acompaña a los medicamentos que provocan los cambios “reales”, es una forma más de los mitos en salud mental. Si bien la medicación puede ser una herramienta fundamental en muchos casos, la evidencia científica muestra que distintos tipos de terapia psicológica también generan cambios significativos y duraderos.
Tratamientos como la Terapia Cognitivo-Conductual han demostrado efectividad ante la ansiedad, la depresión, el trastorno obsesivo-compulsivo, el estrés postraumático y otros problemas psicológicos. En algunos casos, especialmente a largo plazo, la terapia no solo reduce síntomas, sino que ayuda a desarrollar habilidades para prevenir recaídas.
Hay casos donde los medicamentos son indispensables, promover una visión más equilibrada no significa tener la idea de que la medicación “no funciona” o que se debe elegir exclusivamente la terapia; por lo general la combinación de ambas resulta ser una mezcla genial.
El debate no debería centrarse en «medicación vs. terapia», sino en comprender qué necesita cada persona de manera individual. La elección depende del tipo de problema, su gravedad, la historia clínica y las necesidades particulares de cada caso. La salud mental rara vez tiene soluciones únicas o universales.
¿Por qué importa cuestionar estas ideas?
Los mitos psicológicos influyen directamente en las decisiones que tomamos, no son inofensivos, pueden determinar el tipo de ayuda que elegimos, la interpretación que hacemos de nuestras emociones y cómo nos relacionamos con nuestros seres queridos.
Por ejemplo, todos hemos conocido a alguna persona que cree que «la terapia no sirve», esto puede evitar un proceso que le cambiaría la vida. O a alguna persona que cree que «el tiempo lo cura todo», lo que puede postergar indefinidamente buscar apoyo profesional. O aquel que piensa que «explotar siempre alivia» puede estar, sin saberlo, reforzando un patrón que le genera más sufrimiento en sus relaciones.
A veces, con buena intención, se repiten frases como «échale ganas», «todo está en tu mente» o «solo distraete», sin considerar la complejidad real de lo que está viviendo esa persona y lo importante que es saber acompañar. Aunque estas frases puedan sonar motivadoras, en muchos casos generan invalidación. Desarrollar una mirada más crítica e informada significa aprender a distinguir entre lo que se siente verdadero y lo que realmente tiene soporte en la investigación. En salud mental, pensar críticamente también es una forma de cuidado.
Un primer paso: revisar lo que creemos para cambiar lo que vivimos
Cuestionar estos mitos abre la puerta a las explicaciones más rigurosas y responsables sobre cómo funcionan las emociones, la memoria y el comportamiento humano
En Clínica Minerva, trabajamos desde un enfoque basado en evidencia, donde la Terapia Cognitivo-Conductual permite abordar estos temas con rigor, pero también con cercanía y comprensión. Cada proceso es individual: no hay recetas universales, pero sí hay herramientas concretas que marcan la diferencia.
Si hay preguntas sobre cómo funciona la terapia, qué esperar de un proceso psicológico o simplemente si es el momento de dar un primer paso, te invitamos a agendar una evaluación inicial. A veces, la conversación más importante es la primera.
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