Autor: Psic. Marco Altamirano
La realidad que percibimos está influida por nuestras experiencias, emociones, expectativas y creencias, lo cual nos lleva a dudar acerca de si la vemos “tal cómo es”. Esto se puede observar en la vida cotidiana pero también en espacios como el consultorio terapéutico, donde tanto pacientes como especialistas pueden verse influidos por sus percepciones acerca de los problemas, los síntomas o hasta del progreso en terapia.
Los sesgos cognitivos en terapia, o atajos mentales, son naturales y forman parte de las distorsiones que pueden aparecer en nuestros pensamientos. Esto no significa que al tenerlas somos irracionales o “malos evaluadores”, sino que la tendencia del cerebro humano es filtrar la información para ahorrar energía, confirmar lo que ya se cree y protegerse emocionalmente. La parte no tan buena de estos atajos de la mente es cuando interpretamos la realidad de forma parcial, exagerada o poco flexible.
También puedes leer nuestra entrada anterior: Pensamiento crítico para evaluar terapias: cuidado con lo que parece funcionar, donde aprendimos cómo distinguir entre lo que realmente te ayudó y lo que solo coincidió con una mejoría en terapia.
Es importante comprender cómo funcionan los sesgos cognitivos en terapia para desarrollar una mirada más crítica, flexible y consciente de nuestro procesos. Partiendo de la pregunta ¿Alguna vez te has preguntado si lo que crees que está ocurriendo es realmente lo que está ocurriendo?, este artículo busca darle respuesta para un mayor beneficio de tu salud mental.
¿Por qué todos somos vulnerables a los sesgos?
La cantidad de información que procesamos todos los días es enorme y el cerebro busca recursos para hacerlo de manera rápida y eficiente, razón por la cual utiliza atajos mentales, estos pueden ser útiles en muchos contextos pero en algunos otros también aumenta la probabilidad de cometer errores de interpretación.
Si una persona ha vivido experiencias de rechazo repetidamente, seguramente comenzará a interpretar señales ambiguas como prueba de que nuevamente será rechazada, aun sin evidencia clara. Esto además sucede para reafirmar ideas que creemos firmemente, prestamos atención en aquellos estímulos que las refuerzan e ignoramos aquello que lo contradice.
Es importante entender que los sesgos cognitivos no son una señal de falta de inteligencia, estos aparecen incluso en personas con amplia formación científica o experiencia clínica, porque forman parte natural del funcionamiento humano. Un terapeuta también puede interpretar ciertos síntomas desde sus experiencias previas o inclinarse hacia explicaciones que le resultan más familiares.
La clave está en aprender a detectar y cuestionar estos sesgos, así como reconocer que todos somos vulnerables a estos errores de juicio para acercarnos a los problemas psicológicos de manera más cuidadosa y objetiva.
Sesgo de confirmación: ver solo lo que confirma nuestras ideas
La búsqueda, recordatorio o interpretación de información que confirme lo que ya creemos previamente, es la característica principal del llamado sesgo de confirmación; donde en lugar de analizar todos los datos con la misma apertura, nuestro mente suele dar más peso a aquello que coincide con nuestras ideas y minimizar lo que las contradice.
Por ejemplo, una persona con ansiedad o depresión puede pensar: «Nada me sale bien». Aunque durante el día ocurran varias cosas neutras o positivas, su atención se enfocará casi exclusivamente en el error, la crítica o el momento incómodo. Más tarde recordará únicamente esos eventos negativos y concluirá: «Sabía que todo iba a salir mal». No está exagerando de forma consciente; su mente está filtrando la información para encajar con la creencia previa.
En contextos clínicos puede darse algo similar, un profesional podría tener una hipótesis inicial sobre su paciente, y sin darse cuenta, prestar más atención en los datos que la respaldan mientras que deja en segundo plano información que apunta hacia otra explicación. En ese sentido, el terapeuta debe de mostrar una actitud flexible y abierta a la hora de revisar sus propias conclusiones.
«¿Estoy considerando toda la información o solo aquello que confirma lo que ya creo?». Es una buena pregunta que puede guiar al clínico y marcar una gran diferencia en la manera en que comprendemos nuestros pensamientos, emociones y decisiones.
Sesgos en el juicio clínico: los profesionales también los tienen
El tema de las distorsiones cognitivas no solamente aparece en pacientes atrapados en pensamientos negativos, los profesionales de la salud mental también las pueden experimentar pues son seres humanos que algunas veces son influenciados por sesgos al momento de evaluar, interpretar o tomar decisiones clínicas. Esto no significa que la terapia «no funcione», sino que el juicio humano nunca es completamente neutral.
A continuación te presentamos algunos de los sesgos más comunes en el ámbito clínico:
La ilusión del clínico
Este sesgo ocurre cuando un profesional sobreestima la gravedad o frecuencia de ciertos problemas porque la mayoría de las personas que ve en consulta presentan precisamente esos casos. Un terapeuta que trabaja constantemente con pacientes con ansiedad severa podría llegar a percibir que la ansiedad grave es mucho más común de lo que realmente es en la población general.
El sesgo de punto ciego
Consiste en detectar fácilmente errores o sesgos en otras personas mientras creemos que nosotros somos más objetivos. En el contexto clínico, esto puede dificultar que un profesional cuestione sus propias interpretaciones o considere explicaciones alternativas.
Preferencia por lo familiar
Un terapeuta podría inclinarse excesivamente hacia técnicas o explicaciones que «ha visto funcionar» en algunos casos particulares, aunque la evidencia disponible sea limitada o existan mejores alternativas respaldadas por la investigación.
Para manejar mejor estos factores en terapia es fundamental que el psicólogo combine experiencia, supervisión, actualización científica y autocrítica constante. Reconocer la posibilidad de sesgos permite ejercer el trabajo clínico con mayor responsabilidad, humildad y precisión.
Realismo ingenuo: «si lo veo así, así es»
El realismo ingenuo es la tendencia a creer que percibimos la realidad exactamente «como es», sin reconocer cuánto influyen nuestras emociones, experiencias previas y creencias personales en la forma en que interpretamos lo que ocurre.
Esto puede verse en frases como: «Si lo veo así, es porque así es» o «Mi percepción es objetiva». Esto lo podemos ver en una persona con ansiedad social, quien puede interpretar que los demás la están juzgando solo porque alguien no sonrió o respondió de forma breve. Sin embargo, otra persona podría interpretar la misma situación como cansancio, distracción o simplemente neutralidad. Aunque ambas observan el mismo hecho, cada una le da un significado distinto.
Muchas veces confundimos nuestra interpretación con la realidad absoluta, esto vuelve más difícil cuestionar nuestros pensamientos o considerar explicaciones alternativas. En la Terapia Cognitivo-Conductual , reconocer estos filtros mentales ayuda a entender desde una forma menos automática y más flexible que no reaccionamos únicamente a los hechos, sino también a la manera en que los interpretamos.
Cómo afectan estos sesgos en la vida real
Los sesgos cognitivos no son solo conceptos teóricos; influyen constantemente en la forma en que pensamos, sentimos y actuamos. Cuando una persona filtra la información a través de sesgos, sus creencias negativas pueden reforzarse constantemente. Alguien con baja autoestima puede enfocarse únicamente en las críticas e ignorar los comentarios positivos, reforzando la idea de «no soy suficiente».
Los sesgos pueden hacer que una persona minimice su progreso o interprete cualquier dificultad como señal de fracaso. Un paciente puede avanzar durante semanas, pero después de un día complicado pensar: «La terapia no está funcionando», ignorando todos los cambios previos.
También pueden generar malentendidos. Una persona puede asumir que su pareja está molesta porque respondió de manera breve, cuando en realidad estaba cansada o distraída. El sesgo hace que completemos la información con nuestras propias expectativas o miedos. En el contexto terapéutico, un profesional podría centrarse demasiado en una hipótesis inicial y dejar en segundo plano otras explicaciones posibles, afectando el diagnóstico o las estrategias utilizadas.
Cómo se trabajan los sesgos en terapia
No se trata de “pensar perfecto”, se trata de aprender cuando nuestra mente interpreta la realidad de manera automática, rígida o parcial, validar su aparición como parte humana del proceso, y finalmente reducir el impacto que tienen en nuestras emociones, decisiones y relaciones.
- Identificar pensamientos automáticos: Esas ideas que aparecen de forma rápida e inmediata frente a una situación. Por ejemplo, después de cometer un error, pensar automáticamente: «Todo me sale mal». Muchas veces estos pensamientos parecen hechos objetivos, cuando en realidad son interpretaciones influenciadas por emociones o experiencias previas.
- Explorar explicaciones alternativas: En lugar de quedarse con la primera conclusión que genera la mente, se aprende a preguntarse: «¿Existe otra manera de entender esta situación?» Si alguien no responde un mensaje, en vez de asumir automáticamente rechazo o enojo, se consideran otras posibilidades como distracción, cansancio o falta de tiempo.
- Evaluar la evidencia a favor y en contra: Esto permite analizar si una conclusión realmente está sustentada en hechos o si está siendo amplificada por sesgos como el pensamiento catastrófico, el sesgo de confirmación o el realismo ingenuo.
- Desarrollar una actitud de duda constructiva: La capacidad de reconocer que nuestras interpretaciones pueden no ser totalmente exactas. No se trata de invalidar todo lo que pensamos, sino de desarrollar una mirada más flexible, crítica y abierta.
El cambio comienza al atrevernos a cuestionar lo que parece evidente
Tanto pacientes como profesionales de la salud mental interpretan la realidad a través de filtros psicológicos, experiencias previas, emociones y creencias personales. Los sesgos cognitivos forman parte natural del funcionamiento humano y pueden influir en diagnósticos, relaciones, decisiones y percepciones sobre el cambio terapéutico.
Reconocer estos procesos permite desarrollar una comprensión más flexible y precisa de lo que ocurre. Cuando aprendemos a identificar cómo ciertos sesgos afectan nuestras interpretaciones, se vuelve más fácil cuestionar conclusiones automáticas, considerar otras perspectivas y reducir la rigidez mental.
En Clínica Minerva trabajamos desde la Terapia Cognitivo-Conductual justamente en este proceso: aprender a observar los propios pensamientos con mayor apertura y pensamiento crítico. Si algo de lo que leíste te resultó familiar, te invitamos a agendar una evaluación: muchas veces, el cambio comienza al cuestionar aquello que parecía completamente evidente.
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