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Pensamiento crítico para evaluar terapias: cuidado con lo que parece funcionar

Autor: Psic. Marco Altamirano

Algunas veces tras iniciar un proceso terapéutico podemos comenzar a observar resultados favorables: mejora en el sueño, menos síntomas de ansiedad o recuperación  de la motivación. Estos efectos, naturalmente, los podemos adjudicar a la intervención de la terapia, nuestra conclusión inmediata podría ser “esto está funcionando”. 

En salud mental las cosas suelen ser más complejas que eso, la mejoría inmediata puede estar relacionada con múltiples factores, varias cosas se pueden estar combinando al mismo tiempo: el paso del tiempo, cambios en el contexto de la persona, mayor apoyo social desde el inicio del proceso, expectativas positivas e incluso procesos naturales de recuperación. 

Esto puede aumentar un poco el nivel de dificultad si queremos saber los beneficios que estamos obteniendo de las sesiones. Por eso es valioso desarrollar pensamiento crítico para evaluar terapias ¿Sabes cómo distinguir entre lo que realmente te ayudó y lo que solo coincidió con una mejoría? Este interrogante buscará ser respondido a lo largo de nuestra entrada de hoy.

Si te interesa conocer más sobre este tema también puedes leer: Terapia que no funciona: 7 señales de alerta que debes conocer antes de continuar, donde aprendimos cómo distinguir una propuesta terapéutica seria de una que solo parece serlo.

¿Qué significa pensar críticamente en salud mental?

Algunas personas  tienen la idea de que el pensamiento crítico conlleva rechazar cualquier propuesta y desconfiar de todo lo que ofrece ayuda, sin embargo esto no es así, el pensamiento crítico se puede dar desde una actitud abierta, con la suficiente curiosidad para analizar si una afirmación cuenta realmente con bases sólidas para aceptarla como verdadera.  

Esto implica pedir buenas razones cuando alguien asegura que una técnica funciona, que un método es superior o que una terapia puede resolver un problema específico. Por supuesto que un primer filtro es que suene convincente y genere esperanzas, pero conviene ir más allá al preguntarse qué evidencia la respalda.

Nuestras impresiones personales e intuiciones son fundamentales, en algunas cosas pueden funcionar para guiar nuestra vida, pero cuando se trata de elegir un tratamiento de salud mental es imperativo tomar una decisión más informada para elegir intervenciones que realmente puedan mejorar nuestro bienestar psicológico.

Cuando mejorar no prueba que el tratamiento funcionó

Que una persona mejore después de iniciar una terapia no siempre significa que la terapia fue la causa principal del cambio. En salud mental, distintos factores pueden influir al mismo tiempo y hacer que la mejoría ocurra por varias razones, no solo por una intervención específica, a continuación te mostramos algunos de estos factores:

Algunas crisis emocionales disminuyen gradualmente con el paso del tiempo, conforme pasan los días o semanas, incluso sin una intervención directa, esto lo puedes llegar a experimentar cuando has pasado por una pérdida importante como la ruptura de una pareja

El acompañamiento de familiares, amistades o una red cercana puede marcar una gran diferencia en el bienestar, el factor del apoyo social es fundamental, independientemente de la terapia que se esté siguiendo.

Los cambios de rutina son algo a tener muy en cuenta: dormir mejor, hacer ejercicio, reducir estrés laboral o retomar actividades significativas pueden impactar mucho en el estado emocional, aunque parezcan factores secundarios.

Otro factor muy interesante es el conocido efecto placebo, que se puede dar cuando la expectativa positiva de recibir ayuda genera alivio real, aunque el método en sí no tenga un efecto específico demostrado. Además, las crisis tienden a disminuir su intensidad naturalmente, cuando el malestar estaba en un punto muy alto, luego baja por sí mismo, sin relación directa con la intervención.

Finalmente, el factor de tratamientos simultáneos puede suceder si existe de por medio medicación, cambios médicos, apoyo psicológico paralelo o decisiones personales importantes que también contribuyen a la mejoría.

El límite de los testimonios personales

Una persona que ha recibido beneficios de un tratamiento psicológico querrá contagiar su emoción y  contar su testimonio a todo mundo por lo que escucharlo decir «a mí me funcionó» es valioso y completamente genuino. Sin embargo, una vivencia individual no constituye por sí sola una prueba suficiente de que un tratamiento funciona de manera confiable.

Lo que pudo ayudar a esa persona no necesariamente ayudará a todas, cada caso es individual, es necesario entonces conocer la influencia de su historia personal, el tipo de problema, la intensidad de los síntomas, el contexto de vida y los recursos disponibles. Por eso, un resultado positivo en una persona no garantiza el mismo efecto en otra.

Además, los testimonios no controlan los factores importantes que hemos repasado en el anterior apartado. Pensemos que quizá esa persona hizo cambios en la rutina, recibió apoyo familiar u otros tratamientos que también explican la mejoría. Sin una evaluación rigurosa, es difícil saber qué produjo realmente el cambio. Las experiencias individuales importan y pueden orientar preguntas valiosas, pero no reemplazan la evidencia obtenida mediante estudios serios y comparaciones adecuadas.

Correlación no es causalidad

En salud mental es común observar que dos cosas ocurrieron al mismo tiempo y asumir que una causó la otra. Sin embargo, que dos eventos coincidan no significa automáticamente que exista una relación causal directa entre ellos.

Algunos ejemplos frecuentes en consulta: «empecé una técnica y después me sentí mejor, así que esa técnica me curó» —tal vez ayudó, pero también pudieron influir otros cambios en paralelo—. «Dormí más y mejoró mi ánimo» —dormir mejor suele ser importante, pero quizá también disminuyó el estrés o pasó una etapa difícil—. «Dejé redes sociales y bajó mi ansiedad» —esto podría haber contribuido, pero también es posible que coincidiera con vacaciones, cambios laborales o una crisis que naturalmente estaba disminuyendo—.

El punto importante es reconocer que pueden existir múltiples factores involucrados, pensar de esta manera permite evaluar con más cuidado qué está generando realmente el cambio y evitar conclusiones apresuradas.

Errores comunes al interpretar cambios emocionales

Algunos errores de interpretación emergen a la hora de entender por qué nos sentimos de determinada forma, esto es debido al carácter multifactorial de las causas emocionales y cambios psicológicos. Los errores de interpretación pueden ser: 

  1. Buscar una sola causa para algo complejo: Atribuir toda una mejoría únicamente a una técnica específica, ignorando que también pudieron influir descanso, apoyo social, cambios de rutina o el paso del tiempo.
  2. Confundir coincidencia con efecto real: Que algo ocurra antes de una mejoría no prueba automáticamente que la haya causado, como hemos visto, dos eventos pueden coincidir sin estar relacionados de la forma en que imaginamos.
  3. Ignorar factores externos: Situaciones laborales, problemas familiares, cambios económicos, salud física o relaciones importantes pueden impactar profundamente el estado emocional y pasar desapercibidos al analizar lo que sentimos.
  4. Recordar solo lo que confirma nuestra idea: Si creemos que cierto método funciona, podemos fijarnos más en los momentos positivos y minimizar la información que lo contradice. Este sesgo afecta la manera en que interpretamos la experiencia.
  5. Generalizar desde un solo caso: Que algo haya ayudado una vez, o que le haya servido a otra persona, no significa que funcione igual en todos los contextos o para todas las personas.

Qué sí vale la pena buscar

Al momento de elegir apoyo psicológico, conviene orientar la atención hacia señales de calidad y responsabilidad clínica. Estos elementos, que enlistamos a continuación, aumentan la probabilidad de recibir una ayuda útil y seria.

  • Intervenciones que han sido estudiadas científicamente de forma rigurosa y han mostrado utilidad en problemas específicos.
  • Saber qué se está trabajando, qué cambios se esperan y cómo se definirá el progreso ayuda a que el proceso tenga dirección y sentido.
  • Una atención responsable realiza monitoreos del progreso,  observe dificultades y si las estrategias están funcionando.
  • Si algo no está ayudando lo suficiente se hacen ajustes, el plan puede modificarse y adaptarse según las necesidades reales de la persona.
  • Poder expresar dudas y conversar sobre el tratamiento de forma abierta fortalece la confianza y permite una relación terapéutica más colaborativa 

Pensar críticamente también es cuidarte

En resumen, la mejoría en salud mental puede depender de muchos factores: el contexto, el paso del tiempo, el apoyo social, cambios de hábitos o tratamientos simultáneos.

Aprender el pensamiento crítico para evaluar terapias nos ayuda a evaluar con más claridad qué está funcionando, cómo se sabe y qué evidencia lo respalda. Esta habilidad permite tomar decisiones más informadas, evitar promesas poco confiables y proteger tu bienestar emocional con mayor responsabilidad.

En Clínica de Salud Mental Minerva trabajamos desde la Terapia Cognitivo-Conductual con un enfoque basado en evidencia, objetivos claros y seguimiento real del progreso. Si quieres saber más sobre cómo trabajamos o evaluar si nuestro enfoque se ajusta a lo que necesitas, te invitamos a agendar una cita.

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